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NO RESEÑAMOS NOVELA ERÓTICA, lamentamos las molestias.


domingo, 20 de septiembre de 2015

Biografía: Arturo Pérez-Reverte




Biografía:  

ArturoPérez-Reverte (Cartagena, España, noviembre de 1951) se dedica en exclusiva a la literatura, tras vivir 21 años (1973-1994) como reportero de prensa, radio y televisión, cubriendo informativamente los conflictos internacionales en ese periodo. Trabajó doce años como reportero en el diario Pueblo, y nueve en los servicios informativos de Televisión Española (TVE), como especialista en conflictos armados.

Como reportero, Arturo Pérez-Reverte ha cubierto, entre otros conflictos, la guerra de Chipre, diversas fases de la guerra del Líbano, la guerra de Eritrea, la campaña de 1975 en el Sahara, la guerra del Sahara, la guerra de las Malvinas, la guerra de El Salvador, la guerra de Nicaragua, la guerra del Chad, la crisis de Libia, las guerrillas del Sudán, la guerra de Mozambique, la guerra de Angola, el golpe de estado de Túnez, etc. Los últimos conflictos que ha vivido son: la revolución de Rumania (1989-90), la guerra de Mozambique (1990), la crisis y guerra del Golfo (1990-91), la guerra de Croacia (1991) y la guerra de Bosnia (1992-93-94).

Desde 1991 y, de forma continua, escribe una página de opinión en XLSemanal, suplemento del grupo Vocento que se distribuye simultáneamente en 25 diarios españoles, y que se ha convertido en una de las secciones más leídas de la prensa española, superando los 4.500.000 de lectores. 


Arturo Pérez-Reverte tiene uno de los catálogos vivos más destacados de la literatura actual.

Arturo Pérez-Reverte ingresó en la Real Academia Española el 12 de junio de 2003, leyendo un discurso titulado El habla de un bravo del siglo XVII.

Obras Literarias:

  • El húsar (1986)
  • El maestro de esgrima (1988)
  • La tabla de Flandes (1990)
  • El club Dumas(1993)
  • La sombra del águila (1993)
  • Territorio comanche (1994)
  • Un asunto de honor (Cachito) (1995) 
  • Obra Breve (1995) 
  • La piel del tambor (1995)
  • Patente de corso (1998)
  • La carta esférica (2000)
  • Con ánimo de ofender (2001) 
  • La Reina del Sur (2002) 
  • Cabo Trafalgar (2004) 
  • No me cogeréis vivo (2005) 
  • El pintor de batallas (2006) 
  • Un día de cólera (2007) 
  • Ojos azules (2009) 
  • Cuando éramos honrados mercenarios (2009) 
  • El Asedio (2010) 
  • Los barcos se pierden en tierra (2011)
  • El tango de la Guardia Vieja (2012) 
  • El francotirador paciente (2013) 
  • Perros e hijos de perra (2014) 
  • Hombres buenos (2015)
  • La guerra civil contada a los jóvenes (2015) 

  • Las aventuras del capitán Alatriste:
    • El capitán Alatriste (1996)
    • Limpieza de sangre (1997)
    • El sol de Breda (1998) 
    • El oro del rey (2000) 
    • El caballero del jubón amarillo (2003) 
    • Corsarios de Levante (2006) 
    • El puente de los Asesinos (2011) 

El Francotirador Paciente



Título: El Francotirador Paciente 
Autor: Arturo Pérez-Reverte
Editorial: Punto de Lectura
Fecha 1ª edición: Noviembre 2014
ISBN: 978-84-663-2822-7
Tapa: Dura
Nº de Páginas: 302

Resumen del libro:

La ciudad es un campo de batalla. Un artista callejero lanza desafíos como si fueran bombas. El único arte posible es un ajuste de cuentas. Un encargo editorial pone a Alejandra Varela, especialista en arte urbano, tras la pista de Sniper, un reconocido artista del grafiti, promotor de acciones callejeras al límite de la legalidad —algunas de ellas con resultados fatales— del que casi nadie ha visto jamás el rostro ni conoce el paradero. La búsqueda conducirá a la protagonista de Madrid a Lisboa, y de ahí a Verona y Nápoles en su intento por descifrar cuál es el objetivo al que apunta la mira mortal del cazador solitario. El francotirador paciente es un thriller que apasiona, un formidable duelo de inteligencias, un juego al límite entre perseguidor y presa. Porque el tiempo no es lo más importante cuando quedan cuentas pendientes.


Valoración (Del 0 al 10)

  • Argumento: 8.2
  • Desarrollo: 9
  • Final: 8.4
  • Personajes: 9.6
  • Ambientación: 8
  • Ilustraciones: 7
  • Adictivo: 9.8
  • Duración: 7.7


Nota Media: 8.5

Observaciones: 

Novela trepidante que engancha desde la primera palabra hasta la última, sin desperdicio alguno y que creo del gusto de cualquier lector.


Video del libro

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viernes, 18 de septiembre de 2015

El último guerrero

Una lluvia de fuego descendía desde el infinito. Miles de esferas incandescentes derramaban fuego en su descenso hacia la tierra. La guerra había comenzado y nos había pillado por sorpresa a todos.
Los Roneilianos llevaban años preparando la invasión, deseaban nuestro planeta y ahora seria suyo. Las esferas de transporte de tropas destrozaban todo lo que encontraban a su paso, enormes cráteres moldeaban la superficie de la tierra. Los primeros en llegar fueron los policías y bomberos, pero poco pudieron hacer ante sus avanzadas maquinas de combate.
La gente gritaba horrorizada mientras corrían sin sentido, el fuego y el humo lo inundaban todo a su alrededor y de fondo solo se podía oír el eco de los rayos al ser disparados. Sus tropas se contaban por millones.
Antes de que el ejército tan siquiera pudiese prepararse, ciudades enteras habían sido convertidas en ruinas y solo el fuego se alzaba en ellas. Miles de vidas se habían segado en cuestión de horas. Las cenizas se desplazaban con el viento que los ejércitos enemigos iban dejando a sus espaldas.
Los tanques no servían contra los blindajes de esas apestosas maquinas provenientes del espacio, los aviones eran perseguidos por miles de diminutas esferas que no paraban de lanzar impulsos electromagnéticos. Destacamentos enteros fueron aniquilados en segundos por esos malditos bastardos provenientes del profundo abismo del espacio. Nada de nuestras artes militares parecía hacer posible la victoria.
De esto hace solo dos semanas. Dos semanas en las que hemos sido cazados, maltratados y aniquilados. Nada queda de lo que conocimos queda en pie, ni edificios, ni cultura, nada. Solo quedamos nosotros. Un reducido grupo de humanos dispuestos a atormentar a nuestros enemigos hasta el fin de nuestros días. Un reducto de vida en mitad de todo este caos y destrucción. Un grupo de valientes que está a punto de saltar de nuevo sobre nuestros enemigos.
Solo deseo poder regresar y continuar escribiendo nuestros logros. Para que el mañana por el que luchamos llegue, porque nuestros hijos vuelvan a tener un planeta en el que jugar sin miedo a que los vean y los capturen para experimentar con ellos, por volver a ser libres, por los caídos y porque se equivocaron al escogernos como presa.
Por todo esto y más os animo a alzaros en armas, animo a todos los supervivientes que puedan ver este último reducto de civilización a no rendirse, a luchar y a hacerles pagar por lo que nos han hecho.
Nunca os rindáis.
Espero volver a hablaros, un saludo
El ultimo guerrero.

lunes, 14 de septiembre de 2015

Noxtromo: La cara oculta de Noxtromo; Introducción alternativa.



- Capitán, acabamos de salir de la velocidad de la luz. Nos aproximamos a Júpiter. – Comunicó el segundo al mando.
- Abran canal de comunicación. – Ordenó el capitán.
- Establecida comunicación. – Respondió el jefe de comunicaciones.
- Aquí el capitán de la nave de guerra Zeus IV, contactando con el comandante en jefe de la flota de Júpiter. Solicitamos escolta y provisiones.


- Mi comandante, la nave Zeus IV acaba de salir en las proximidades. Han abierto un canal de comunicación para solicitarnos escolta y provisiones. ¿Cuáles son sus órdenes? – Preguntó el capitán de la nave de la flota de Júpiter.
- Cortad comunicaciones. Preparad provisiones y naves de ayuda. – Ordenó el comandante.
- ¿Comenzamos la aproximación? – Preguntó el capitán.
- No, esperemos a estar preparados.
- Están en una zona al otro lado del planeta mi comandante, aún tardaremos cuarenta minutos en llegar. – Comentó el capitán de la nave insignia de Júpiter.
- Obedeced las órdenes, ya basta de cuestionarme. – Exigió el capitán sin mucha convicción.


- Señor, la flota de Júpiter ha cortado las comunicaciones sin dar respuesta alguna a nuestra solicitud de ayuda. – Comunicó el segundo al mando de la Zeus IV.
- Es extraño… - Reflexionaba el capitán. - ¿Se ve algo en el radar?
- No, capitán, deben de hallarse al otro lado del planeta. No conseguimos señal alguna de esa zona. – Contestó el jefe de radar.
- ¿Por qué no tenemos señal? – Quiso saber el capitán.
- No lo sé, capitán, es todo tan… - El jefe de radar se interrumpió. – Acaba de aparecer una nave en el radar, a un kilómetro de distancia señor.
- ¿Quiénes son? – Preguntó el capitán.
- Jamás había visto nada parecido, señor. Es casi cinco veces más grande que esta. No es de la Tierra, nunca se ha construido algo así. – Explicó el jefe de radar.
- Nos llaman, señor. – Intervino el jefe de comunicaciones.


- Señor, hemos perdido el radar y las comunicaciones. Hay algún tipo de señal que las interrumpen. – Explicó el capitán al mando de la nave insignia de la flota de Júpiter.
- Será algún tipo de radiación. –Se limitó a responder el comandante.
- No es eso, señor. Es algún tipo de bloqueo, algo a lo que nunca me había enfrentado. – Intervino el jefe de comunicaciones.
- Deberíamos ponernos en marcha. La Zeus IV podría tener problemas y su misión es de grado α, máxima prioridad e importancia señor.
- De acuerdo, pongámonos en marcha. Motores a plena potencia. – Resolvió el comandante.


- Comandante Romeo de la nave Centauro XXIII de Noxtromo  al capitán del Zeus IV de la Tierra. Entreguen al ingeniero Nicolai de inmediato o aténganse a las consecuencias.
- Capitán, están apuntando las armas hacia nosotros. Su cañón tiene potencia suficiente para destruirnos. – Comentó el jefe de radar.
- Todos a sus puestos. – Ordenó el capitán alzando la voz. – Alférez, tome el mando de diez soldados y evacúe al ingeniero. Utilicen la nave de evacuación XII.
- Pero capitán, deberíamos evacuar a todos los hombres posibles. – Replicó el alférez.
- Nada de eso. Márchense de inmediato, intentaremos darles todo el tiempo posible.
El alférez, tras dar las órdenes oportunas, salió corriendo de la sala de mando seguido por algunos soldados.
- Activen los escudos a máxima potencia, carguen las armas. – Dijo el capitán volviendo a tomar asiento.


- Comandante, la señal del radar y la radio vuelven a estar activos. – Dijo el jefe de radar.
- ¿Se ve algo? – Preguntó el comandante de la flota de Júpiter.
- La Zeus IV ha desaparecido, solo hay escombros en la zona. – Respondió el jefe de radar.
- Entiendo, ¿algo más?
- Hemos recuperado un último mensaje de la Zeus IV. No se ve bien pero hay cosas muy extrañas en el vídeo.
- ¿Alguien más aparte de usted lo ha visto? – Quiso saber el comandante.
-  No, señor.
- Bien. Haced una copia y borradlo del sistema.

domingo, 13 de septiembre de 2015

Visita nocturna

La noche comenzaba a caer rápidamente sobre los rubios campos de trigo, el granjero recogía a las bestias con rapidez en el granero para que no quedaran a la intemperie. La tarde había sido muy húmeda y la noche se pronosticaba con tormenta y muy posiblemente niebla. En el interior de la casa la mujer del granjero cocinaba en el fuego de una chimenea un poco de caldo en el caldero que había heredado de su madre. Cuando el hombre termino de recoger los animales, regreso a su hogar para compartir en el calor de su salón una buena cena con su amada esposa.
Mientras cenaban, él le contaba a su esposa las experiencias vividas a lo largo del día de pastoreo en las próximas colinas del norte y ella los quehaceres diarios de la casa. Todo era normal y rutinario, al igual que todos los días del año.
Tras el caldo y un poco de queso con pan, ambos decidieron retirarse a dormir. El día había sido largo y duro, y, si los dioses querían, tendrían que volver a levantarse con el canto del gallo para seguir trabajando. La noche transcurría plácidamente hasta que unos fuertes golpes retumbaron en la casa. El granjero se despierto al oír el estruendoso sonido, pero al abrir los ojos y escuchar el ensordecedor sonido de la tormenta que se ha desatado fuera, resta importancia y vuelve a tumbarse en su lecho junto a su amada esposa. Los golpes volvieron a retumbar, esta vez el granjero supo de donde provenían.
Calzándose y colocándose un abrigo por encima, tomo una vela y comienzo a descender las escaleras. Alguien volvió a golpear la puerta y el susto casi hace caer al granjero rodando peldaños abajo. Con el cuerpo colmado por los nervios y la ira que le provoca el que alguien interrumpa sus placidos sueños en una noche tormentosa, se acerca a la puerta y pregunta…
- ¿Quien anda hay fuera?
Pero no recibe respuesta alguna. Creyendo haberse vuelto loco, se volvió para marcharse. Pero la puerta otra vez sonó. Descolgó el cerrojo y con cuidado entreabrió la puerta de la casa.
Un anciano lo miraba con ojos tristes mientras una incesante lluvia le calaba la ropa y hasta los huesos.
- Buenas noches buen hombre, está lloviendo y necesito refugio. No tengo dinero, pero los dioses le pagaran su bondad con migo.
- Estáis loco, viejo. ¿Pensáis que voy a recoger en mi hogar a un desconocido? Tendría que estar tan loco como vos para hacerlo, y eso ya es bastante pues solo los más tontos se atreverían a caminar bajo esta lluvia.
- ¿Quién es?- se oyó la voz de su esposa proveniente del piso superior.
- Márchese anciano.- y el granjero volvió a cerrar la puerta.
Al llegar a la planta de arriba, le conto a su mujer lo que había sucedido. Ella se mostro afligida por el desconsiderado trato que su esposo le había propinado a aquel pobre anciano, pero en sus manos no estaba el poder hacer nada en contra de la voluntad de su esposo. Así que ambos volvieron a tumbarse en la cama para volverse a dormir.
Cuando el sueño ya los mecía y los acurrucaba en su cálido y acogedor pecho, una estruendosa voz resonó en todo el valle e incluso más allá.
- Tu, granjero, osas despreciarme cual perro salvaje, tratas mejor a tus mulas que aun hombre que te pide ayuda. As de saber que yo te maldigo, maldigo tus tierras y a tus animales. Que en la penumbra de la noche, cuando el frio congele los huesos, los caídos en desgracia acudan a tu morada para saciar su hambre, que arranquen todo lo fértil que aquí habite y arrasen estas tierras para que solo la paz reine en ellos.
El granjero se removió agitado y corrió a abrir la ventana, en la cama su mujer lo miraba con los ojos cargados de pánico. Fuera no había ya nadie, quien hubiese hablado no estaba ya allí.
Con temor, el granjero volvió a la cama y se acurruco junto a su esposa. Ambos temían las maldiciones que buhoneros y gitanos regalaban sin compasión a los desdichados que por desgracia les caían mal. Entre todo aquel ajetreo, el sueño regreso y los meció con dulzura hasta que los ojos de ambos se volvieron a cerrar plácidamente.
El mugido agónico de una vaca saco al granjero de su letargo. Se calzo y corrió a asomarse por la ventana de su cuarto. Una espesa niebla lo envolvía todo. El relincho de un caballo siguió al estertor de un cochino.
- Ramón, algo sucede hay fuera.
- Tranquila mujer, será algún animalillo que esta asustando a las bestias en el granero.
- Puede, o puede que sea la maldición de ese viejo. ¿Por qué no lo dejaste entrar?
- No recojo mendigos bajo mi techo, y ese anciano no será una excepción por mucha maldición que pronuncie.
Armado con el azadón, el grajero salió de su casa camino del granero. Iluminado por una pequeña lámpara de aceite, recorría la distancia que lo separaba del lugar del que seguían proviniendo el quejido de los animales.
Se paró en seco, algo le había rozado el brazo, algo gélido y que parecía arrancarle el alma con solo su tacto. Un sonido metálico resonó a sus espaldas, algo se movía cerca de su casa. Olvidando a los animales, corrió de regreso a su hogar para comprobar que su esposa estaba bien. Una sombra aparece entre la niebla, unos ojos amarillentos lo miran y se desvanecen entre la niebla. Al llegar a la casa sentía como el frio le congela los huesos.
Corre escaleras arriba y entra a trompicones en su cuarto, sobre la cama reposa su esposa. Su piel esta blanca y de tacto gélido, sus labios morados y su cuerpo rígido, todo ha terminado para ella, aunque al menos su rostro muestra la serenidad de no haber sufrido.
El suelo crujió a sus espaldas, se giro abrumado y una sombra se desdibujaba en el hueco de la puerta. Asustado comienzo a retroceder, la sombra avanzaba rápida hacia el granjero y a cada paso hacia más frio el ambiente de la habitación. Ramón no tenia escapatoria, solo había una forma de salir de allí. Tira hacia la sombra el azadón y rápidamente se gira y salta desde la ventana.
El suelo estaba blando gracias al agua que caía incesante desde las primeras hora de la noche, pero pese a todo se ha lastimado el tobillo al caer. Con un nudo en el pecho y con el pánico debilitándole las piernas, i tentaba correr a cuatro patas hacia el granero. Allí creía que podría esconderse, entre los animales, de aquella fatídica sombra, pero al entrar en el granero solo ve el destrozo que el gélido tacto ha causado en todos sus animales. Como estatuas de hielo se mantenían de pie, inmóviles, sin vida.
Se giro asustado y vio como la sombra caminaba hacia él en la espesura de la niebla, de pronto junto a esta aparecen tres más. Sabe que no podrá huir de aquellas cuatro criaturas, pero aun así se aferra a una última esperanza y se adentra en el granero. La temperatura aun era más fría allí que en su hogar. Se arrebujo entre dos alpacas de paja y comenzó a rezar a sus dioses. Es el fin.
Las sombras sienten su calor y caminan sin reparos hacia donde se escondía Ramón. Se acercaban, más y más. Sus gélidos dedos rozaban la piel del hombre que apretaba los ojos en un último intento de mantenerse oculto, hasta que finalmente lo agarran y siente como su cuerpo se relaja.
Un fuerte golpe en la puerta despierto al granjero. Todo había sido un sueño. Respira profundamente y se alegra de ver a su asustada esposa a su lado. Siente con cierto placer el cálido abrazo que ella le propina a consecuencia del miedo que sufre. Con calma descendió y abrió la puerta. Un anciano lo miraba desde el exterior con ojos de pena, el agua había calado su ropa y temblaba de frio.
- Buenas noches buen hombre, está lloviendo y necesito refugio. No tengo dinero, pero los dioses le pagaran su bondad con migo.
- Pasad buen hombre, en mi hogar podréis descansar al calor del fuego mientras tomáis una sopa caliente…-dijo mientras un escalofrío le recorría todo el cuerpo.

jueves, 10 de septiembre de 2015

Una vida Difícil

-Corre, date prisa, me digo una y otra vez mientras voy de un lado a otro por este gran mundo. No puedo permitirme perder ni uno solo de los minutos preciados de vida que tengo, ni uno solo. Todo en este mundo va tan deprisa que si te desvías un segundo del camino marcado y te sales por uno de los laterales… Zas, estás muerto. No puedo permitirme ese lujo, tengo que hacer todo lo posible para continuar con mi vida.
Sé que no es una de las vidas más preciadas en este mundo, pero igualmente sigue siendo una vida como cualquier otra. Sé que muchos me miran con desprecio y que a nadie le importara si me muero en algún rincón y al día siguiente me encuentran tirado en mitad de la cocina panza arriba. No, a nadie le importaría. Incluso me atrevería a decir que se alegrarían muchos de ellos.
Marcho en silencio por la oscuridad. Me encanta la oscuridad y el silencio, no creo que pueda haber nada mejor… bueno si, un buen trozo de tarta. Marcho día tras día en soledad por este asqueroso mundo que no me comprende y que solo quiere acabar con migo…
-¿Solo? Pero si yo también estoy aquí.
-Calla, tu no eres nadie en este mundo, si yo no soy nadie tu menos, además siempre te he dicho que piensas con el culo. Uno ya no puede estar ni siquiera tranquilo consigo mismo, siempre tiene que haber algún pensamiento perdido que quiere discutir contigo.
Creo que huelo algo interesante, voy corriendo antes de que otro se adelante a mis movimientos y se apodere de lo que sea que huele tan bien. Si, es todo un manjar, esta exquisito y mientras yo como el resto mira desde cierta distancia, si alguno de ellos se atreve a acercarse no se qué haré. Hace tiempo que no encontraba un manjar como este.
Espera, escuchad… Si, vienen. Hay que correr a toda prisa y poner pies en polvorosa. Si me ven seguro que no podre contar con seguir otro día más con vida. Sigue, sigue, tengo que gritarme mientras corro a esconderme tras la esquina más próxima para evitar que los monstruos me vean. Por favor, osan tratarme como algo asqueroso cuando ellos son mucho más asquerosos que yo. Yo al menos no he llegado a este planeta oprimiendo al resto de criaturas, y ellos que llegaron los últimos se creen con derecho a dominar lo que antes eran mis dominios. Si pudiese empuñar sus propias armas… otro gallo cantaría.
Pero por ahora debo de permanecer escondido, oculto entre las sombras por miedo a mi propia muerte, o a que experimenten con migo que sería lo peor. A mi primo Juan lo capturaron y experimentaron con el asta la muerte, cientos de gases, de productos que le hacían retorcerse de dolor y todo por intentar conseguir algo con lo que exterminarnos.
La verdad es que prefiero una muerte rápida antes que todo eso.
Bueno, de momento descansare aquí escondido, creo que no lograran encontrarme aquí. Mientras descanso miro alrededor y veo como los míos permanecen escondidos, al igual que yo, a que la noche vuelva a caer y podamos salir sin temor a los monstruos gigantes. Que solitaria es esta vida…
-Que yo siempre estoy contigo, sé que no me quiere oír, pero por más que quieras evitarlo soy parte de ti, tanto como tu mismo.
-De verdad que me saturas. Cállate y descansa, en otro momento discutiremos sobre quien es quien y quien es el más importante. Pero ahora cállate que tengo que pensar en cómo conseguir algo más de comida, me muero de hambre y estos gigantes no me dejan comer en paz.
Pasan las horas y he de permanecer en silencio escondido tras algunos resquicios, mientras ruego porque no me encuentren o será mi final. El frescor de la noche vuelve, lo siento en todo mi ser, que agradable es esta sensación. La verdad es que adoro el clima tropical, pero es exceso de calor me mata. En esos momentos de calor extrema, tengo que correr a buscar algo de frescor.
Ahora podemos salir en busca de más comida. Es muy duro tener que mendigar por un trozo de pan mientras ves como los asquerosos gigantes comen y comen terminando con todos nuestros recursos naturales sin importarle nada. Es como si desde que llegasen a la tierra solo pensasen en terminar con todo y marcharse a otro planeta antes de terminar de destruir este.
Corro de nuevo, no es bueno estarse quieto mucho rato. Contra más tiempo permanezca en un mismo sitio, mas fácil le resultara encontrarme y terminar con mi mísera existencia. Por ello me veo obligado a correr sin parar día y noche, solo me puedo permitir unos minutos para descansar antes de volver a correr hasta que mis pulmones amenazan con estallar.
Creo que he visto algo, si, a través de aquella ranura parece que hay algo… Vendito el del cielo. Acabo de encontrar una grieta en el muro y detrás está repleto de comida. Exquisita y suculenta comida. Este es el momento de saciarme antes de que puedan encontrarme y de tener que volver a salir corriendo.
-Aprovecha, estas cosas solo suceden una vez en la vida.
-Por una vez tengo que darte la razón, y eso que no me caes bien. Más bien te odio porque haces que mi mente se vuelva confusa y distorsionas mis pensamientos cuando quieres. Pero por una vez tengo que estar de acuerdo contigo.
Pero dejemos a un lado todo esto y aprovechemos el bufe libre que se han dejado esos asquerosos gigantes.
Como con ansiedad pensando que esta puede ser la última vez que pueda encontrar un momento para comer y más aun alimento que llevarme a la boca. Mientras me lleno la boca creo vislumbrar algo más de luz… no, me he despistado y me han descubierto. Me mira con asco y odio, no entiendo el motivo, si yo realmente no le he hecho nada. Permanezco inmóvil, con la esperanza de que crea que se ha equivocado y se confunda.
No ha surtido efecto, tengo que correr por salvar mi propia vida. Me escabullo por la grieta y corro por la explanada a toda velocidad, el gigante me persigue. Debo de conseguir entrar en aquella callejuela o estaré muerto.
Me ha dado, mi pierna está rota. Parece que el gigante está confuso, parece creer que me ha matado. He de aprovechar el momento. Un último esfuerzo y… Sí, he logrado sobrevivir a mi primer encuentro con la muerte. Esos gigantes puede que dominen el planeta, pero no son tan inteligentes.
Me arrastro mientras busco algún oscuro rincón en el que poder descansar. Mientras camino miro a mi alrededor y husmeo el aire en busca de algún indicio que pueda darme una pista de lo que me rodea. Tuerzo una esquina y veo el mayor horror de toda mi existencia.
Varios hermanos han caído en una trampa de los gigantes. Sus cuerpos yacen inertes sobre el frio suelo, algunos aun convulsionan mientras el veneno de la trampa recorre sus cuerpos. Qué difícil es seguir en pie en este mundo cruel, que duro es subsistir.
-Es muy duro ser tu otro yo, pero aun es más difícil ser, en este mundo, una cucaracha.

martes, 8 de septiembre de 2015

Desde el trono

Allí estaba, sentado sobre su trono y con una flecha de punta negra clavada en lo más profundo de su corazón. Sentía como la vida se le derramaba entre sus dedos a cada latido, a cada respiración, a cada parpadeo, y temía que al cerrar una vez más sus ojos su sueño se esfumase y destruyese para siempre. Un sueño por el que había luchado y, ahora, entregado su vida y la de cientos de amigos y compañeros, un sueño que ansiaba con su último aliento que no desapareciese y que perdurase como mudo testigo de su propio sacrificio y el resto de sus hermanos de armas.

Ahora que si vida llegaba a su fin, ahora que estaba solo sobre su trono, ahora que toda la ciudad había sido arrasada y los pocos supervivientes lloraban la pérdida de sus seres queridos, su vida entera era recreada en su mente con gran lentitud. Como si el capricho de los dioses le hubiese permitido vivir una segunda vez, para repetir inexorablemente, todos los triunfos y fracasos que había sufrido en su propia piel durante todos aquellos años.

Recordaba su infancia en la pequeña aldea de la costa del Mar del Fin del Mundo, y como con tan solo doce años se había tenido que enfrentar a los bandidos que habían matado a toda su familia y a los vecinos de la aldea por algunas escasas monedas, un puñado de gallinas y algunas cabezas de ganado. Recordaba con total nitidez como lo habían humillado y las risas que proferían al jugar con su vida, pero finalmente cometieron el peor error posible, le habían permitido seguir con vida, le habían dejado ser el único superviviente de aquella apartada aldea.

Durante años los había perseguido y buscado, dando caza a bestias, malhechores, asesinos y, muy de vez en cuando, a alguno de los pocos que seguían vivos de aquella partida de rufianes. Uno de los episodios que había vivido con más intensidad y que ahora revivía, y le hacía aferrarse con uñas y dientes a la vida, fue aquellos días en los que dio caza al Tahuma de Brether.

Una bestia salida del mismísimo infierno, con cuerpo de hombre y cabeza de toro, y unos cuernos del tamaño de dos robles. Aquella bestia tenia la fuerza de cien hombres y la rapidez del viento, pero, para su desgracia, la misma inteligencia que un morlaco cualquiera.

Había sido una lucha cruenta y sanguinaria, habían destruido un bosque entero en su camino, derribado acantilados con su fuerza y arrasado la vida de cientos, tal vez miles, de desdichados humanos y animales que por desgracia se habían cruzado en su camino. Hasta que finalmente, y haciendo gala de su reducida inteligencia, el Tahuma quedo atrapado por sus astas al embestir la pared de una montaña.

Él había sentido la tentación de abandonarlo allí a su suerte para que falleciese por el hambre o algo peor aún, pero finalmente se había apiadado de la bestia y lo había ayudado a liberarse pese a saber que aquello podría suponer su propia muerte. De aquello hacia ahora muchísimos años, pero hasta hacia apenas unos minutos la lealtad del morlaco había sido incuestionable. Ahora yacía a escasos metros del trono, ensartado con decenas de espadas y flechas, y todo por intentar salvarlo a él, y ahora su propia vida, sin importar el sacrificio de su amigo, se consumía rápidamente…

La tos regreso y con ella el fuerte dolor de su pecho. Se había dejado desfallecer, pero el capricho de los dioses lo había devuelto una vez más para recordar a los amigos que ahora lo contemplaban desde el encharcado suelo con sus miradas vacías perdidas en el infinito. Amigos que ya no estaban… Pero aun le quedaba uno vivo que se afanaba por limpiar la ciudad de la escoria que se había atrevido a atacar el reino. Si, seguía vivo, lo podía oír volar, lo oía rugir en la distancia, sin duda alguna aquel era su leal compañero Ralok.

Había llegado a Hernestia persiguiendo al penúltimo de los barbaros que habían arrasado con su aldea. Un pequeño hombre sin escrúpulos que mantenía sometido a sus designios a Reyes y Nobles de toda Hernestia. A miles de almas aterradas por el mero hecho de ser capaz de mantener bajo sus embrujos el control del mayor arma que conociese la humanidad, del último alma libre de la naturaleza, por ser capaz de manejar con oscuras artes al último descendiente vivo por cuyas venas corría la propia sangre de la madre tierra, Ralok el ultimo dragón con vida.

Tulín, como se llamaba realmente aquel bastardo, se había cambiado el nombre al de Amuldrac, un nombre con poder para un gusano que había vendido su alma a los demonios para ser capaz de controlar a aquella bestia. Un hombre enfermo que creía cambiar su pasado, su vida y su ser, al cambiar de nombre.

Pero para él no importaban los nombres, solo los hechos marcaban el destino de los hombres y aquel hombre había matado a sus padres, y por aquellos hechos ahora pagaría con su muerte y la de todos aquellos que osasen interponerse.

Los nobles le habían ofrecido poner bajo su mando a sus mejores hombres, habían concertado matrimonios con sus hijas y sus mejores doncellas, le habían regalado cofres repletos de joyas y oro, incluso más de un trono le fue ofrecido como recompensa si lograba librarlos de su tormento. Pero todo aquello lo había reusado, solo la sed venganza y el honor de sus ancestros le hacían luchar contra aquella sabandija.

Había acudido a buscarlo a las montañas negras, junto al rio Ad-Vhil, en el norte de Hernestia. Un lugar árido y escarpado, cuna de Ralok. Piedras como cuchillas que cortaban la carne con una facilidad asombrosa, paredes pulidas imposibles de escalar, una pared de cientos de metros hasta coronar la cima desde la que Amuldrac, Tulín, gobernaba con terror, y con la ayuda del dragón, toda Hernestia.

Durante horas había escalado en solitario por la cara Este de la montaña, dura de escalar y a la vez la más difícil de vigilar desde la cueva en la que moraba la curiosa pareja. Con el caer del sol había logrado alcanzar la entrada al túnel.
Alzo sus ojos y desde la penumbra cavernosa, dos brasas que ardían lo miraban con fijeza. No se había percatado de un leve corte que había recibido en la pierna y por el que brotaba un escaso hilo de color ámbar, pero aquello había sido suficiente como para que el dragón despertase con el olor de la sangre.

La bienvenida fue calurosa y atronadora, Ralok rugía con fiereza y desde la profundidad de su garganta le lanzaba llamas que hacían derretirse las piedras. Tulín espoleo al dragón y este arremetió con todas sus fuerzas. Recordaba que a punto estuvo de caer, incluso el vértigo sentido inundaba de nuevo sus sentidos, pero los dioses la oportunidad de agarrarse a la punta de la cola de la bestia. Durante horas había permanecido colgado hasta que logro alcanzar la grupa sobre la que se mantenía el bastardo, por suerte no se había percatado de nada.

Aun hoy en día se preguntaba cómo era que el animal nunca hubo intentado deshacerse de él y mucho menos de porque oculto aquello al hombre que dominaba su espíritu, la única explicación que podía darse a sí mismo, ya que Ralok jamás hablo con nadie de aquel día, era que por más que Amuldrac dominase el elemento del dragón, la propia esencia permanecía libre.

El brillo de la hoja al sacarla de su funda, el viento soplando con fuerza en su rostro. Cerró los ojos y encomendó su filo a sus deidades una vez más, lanzo con furia su estocada y sintió con placer como esta alcanzaba su objetivo. Abrió de nuevo los ojos justo a tiempo para ver perderse entre las nubes el asombrado rostro del temido Amuldrac. Incluso ahora que lo revivía por segunda vez, creía ver que una sombra engullía a Tulín en su infinita caída.

Tras aquello, tras recobrar Ralok su propio ser, le había jurado lealtad por conseguir salvar su alma inmortal del yugo de tinieblas en las que Tulín la había encerrado hasta la eternidad.

Sintió el cálido y nauseabundo aliento de su fiel amigo directamente en su rostro. Volvió a abrir los ojos, parecía como si Durión no quisiese llevárselo a la otra orilla hasta que terminase de revivir toda su vida. Entre las penumbras que se habían adueñado de su vista, vio las ascuas que ardían en las cuencas oculares de Ralok. Si su fiel amigo había regresado junto a él, no había otra explicación de que el sueño estaba a salvo. Le parecía oír algo, un susurro que parecía provenir desde los confines del mundo, era la voz del dragón, pero débil y lejana.

-Viejo amigo, junto a ti me hallo en estos duros momentos últimos de tu vida mortal para decirte que el reino ha sido salvado.- rugió Rolak.- No puedo permanecer impasible mientras veo como se apaga tu vida. Aun hay tiempo para que te salves tu también, solo tienes que permitir que mi alma te inunde.

-No, no puedo permitir que malgastes tu alma con migo. Seguro que la necesitaras para algo mucho más importante en un futuro. Mi tiempo se ha consumido y los dioses me reclaman, solo espero que esto no termine con mi viaje a la otra orilla… ¿Ralok? ¿Donde estas Ralok?- gritaba atormentado.

La oscuridad del mortecino sueño había acudido de nuevo para cegarlo y envolverlo en sus recuerdos. Unos recuerdos que lo hacían retornar a cuando consiguió el trono de este sueño, cuando hallo al último, al más joven, de los bandidos que asaltaron su aldea.

Los inexplicables designios de la fortuna le habían conducido a sentarse en el trono de un pequeño reino. Aquella ultima lagartija era Rey, aquello le dificultaría su venganza, pero si ni un dragón había logrado interponerse en su venganza, menos aun lo aria un trono.

Se adentro en la ciudad como peregrino y logro acercarse hasta la puerta del castillo. Recordaba con claridad el brillante símbolo que lucían sobre sus plateadas armaduras los soldados de guardia. Le resultaba extraño que un bandido escogiese para su ejército como símbolo un sol amaneciendo sobre un mar en calma y en mitad de este dos palomas volando juntas.

Hablo largo rato con los guardias para pedir audiencia con el Rey y, para su asombro, le permitieron pasar sin preguntar tan siquiera el motivo de su visita ni ponerle resistencia alguna.

Lo condujeron por los pulidos y, aunque escasamente, decorados con exquisito gusto. Por los pasillos abundaban los criados que se afanaban en atender al populacho, decenas de soldados que custodiaban la paz de los numerosos salones abarrotados de gente llana y, sobre todo, el silencio y la paz. Todo aquello lo sorprendía y abrumaba, hubiese esperado cualquier cosa antes que aquello que estaba viendo.
En el trono esperaba ver al joven bandido que años atrás arrasara su pueblo, pero en su lugar se encontró con un hombre marcado por los años, con grandes surcos y cicatrices en el rostro, un hombre de pelo gris y porte duro, pero en cuyos ojos reinaba la bondad y la sabiduría, y pese a sus profundas marcas su rostro era la viva imagen de la dulzura y la generosidad.

Aquel hombre lo miro con su profunda mirada y solo unos segundos bastaron para que por las ventanas de sus ojos asomase la certeza del recuerdo. Se alzo del trono y con voz que denotaba un poder espiritual como jamás antes hubiese experimentado y una calma que se contagiaba, dijo…

-Sé quién eres y que has venido a hacer. Soldados, que nadie se mueva pase lo que pase. Hace años que aguardo este momento, el día en que redimiese todos los pecados que cometí en mi juventud. Solo te pido que sea rápido, ya que no temo al dolor.
Quería hacerlo, la sangre de sus venas ardía y lo empujaba a acabar de una vez por todas, durante años había soñado con el fin de su venganza, pero pese a todo no podía. Sabía en su interior que no debía de hacer aquello por lo que había sobrevivido tantos años.

-No has podido pese al daño que te cause, eres noble y en tu corazón florece la gloria de los dioses. Tu eres aquel con quien soñé. Ahora que te tengo delante se que eres tu quien debe de continuar con el legado que los mismísimos dioses me otorgaron en un sueño. Este trono es tuyo, el sueño es tuyo, tu aras realidad lo que es solamente una idea de los designios de los cielos. Contigo haremos que todas la tierras se unan bajo una misma bandera de paz y sabiduría, respeto y unión, que todos los pueblos se unan bajo un nuevo amanecer de gloria y bendición.- y aquel Rey, que años atrás había sido un bandido, le entrego la corona de su reino y le juro lealtad delante de todos los presentes.

Así es como había terminado con la pesadilla de su venganza y había comenzado un sueño de un nuevo amanecer para él, para el reino, para el mundo entero.
Reunió a sus amigos, Ralok, Tahuma y a tantos otros que había conocido a lo largo de su camino, y junto a todos ellos lucho por un sueño mejor, por una única nación en paz, por un reino sin temores ni hambrientos, por un mundo mejor en el que todos fuesen iguales ante los ojos de los dioses y la justicia.

Durante años había defendido con su propia espada al indefenso, al pobre, al oprimido… Reyes y nobles le habían jurado pleitesía y le habían entregado sus ejércitos y tierras en pos de un sueño, y todo ello lo habían conseguido sin derramar jamás gota de sangre alguna de nadie que no mereciese sufrir dicha pena.
Pero ahora, tras años de gloria y paz, se preparaban para partir. Habían librado su última batalla y, pese a vencer, sentía que había perdido demasiado en ella. Oscuras almas, perros del infierno, comandados por el mismísimo dios oscuro, habían cruzado el mar del fin del mundo, las tierras de todo el continente, hasta llegar a la capital de donde nacía el sueño de los dioses y asestarle un golpe mortal a esta…
Se vio sentado en el trono recordando su vida, con la flecha clavada en el corazón que marcaba los segundos de vida que le quedaban aun. Una densa niebla comenzó a envolverlo todo y pese a la flecha, las heridas y el caos, se sentía en paz. El dolor había cesado, el sufrimiento, la fatiga… La barca de Durión acababa de llegar para buscarlo. Salto a la cubierta del bote y se acomodo para su último viaje.
Mientras la barca surcaba las aguas oscuras de la muerte, el comenzó a sonreír lleno de paz y se repetía una y otra vez a si mismo lleno de satisfacción y orgullo…
“¿Asestar un golpe mortal al sueño? Pobres diablos, no saben que el sueño sobrevivirá mucho mas allá de mi propia muerte, mientras perdure la semilla perdurara el sueño. Mi semilla, mi querido hijo.”

lunes, 7 de septiembre de 2015

Noxtromo: La cara oculta de Noxtromo; Capitulo 4



Nuño fumaba un cigarro fuera del edificio cuando vio que un alto cargo de Noxtromo salía del mismo.
-Que extraño… Un oficial de Noxtromo. Solo se dejan ver en los consejos militares y sin embargo… - El oficial miró unos segundos a Nuño y en sus ojos apareció un extraño brillo, parecía recocerlo aunque nuño no lo había visto nunca.
- Buenas tardes, sargento. – Le saludó el oficial. - ¿Tendría un cigarro para un camarada?
Nuño le tendió la pitillera y tras coger el oficial uno se lo ofreció al soldado que lo acompañaba.
-Gracias, sargento. – Dijo el oficial mientras se volvía para marcharse. – Por cierto… Lamento lo de su padre, era un gran hombre.
- ¿Conocía a mi padre? – Preguntó Nuño extrañado.
- ¿A Nicolai? Éramos grandes amigos. Una lástima lo de su accidente. – Algo en el tono del oficial hizo desconfiar a Nuño.
- Gracias. – Se limitó a responder.
Mientras los oficiales de Noxtromo se alejaban, Hiria se aproximó a Nuño. Había permanecido en el interior del edificio rellenando unos documentos oficiales que su superior necesitaba al día siguiente, y mientras en su despacho, con las puertas abiertas, había observado como aquellos dos hombres habían salido del despacho del comandante.
-Nuño. – Este se volvió sobresaltado al oír la voz de su amiga. - ¿Qué querían?
- No lo sé. Me han dado el pésame por mi padre.
- Es curioso, los vi salir del despacho del comandante de Júpiter. Creo que tienes razón, aquí pasa algo y ellos saben que es.
- Lo sé, pero no puedo hacer nada más.
- Tú quizás no, pero yo… conozco a alguien que podría ayudarnos a saber algo más. – Terminó diciendo Hiria con una sonrisa misteriosa en el rostro. – Ven, acompáñame.
Tras tomar el primer taxi que encontraron, se dirigieron al barrio este del sector K6. Un barrio semimarginal en el que sus habitantes malvivían a costa de trabajos no tan legales. Las calles no estaban del todo mal adoquinadas aunque carecían de toda vegetación, tampoco es que hubiese espacio para jardines entre los apilados y gigantescos edificios que lo componían. Se estimaba que en poco más de veintinueve kilómetros cuadrados vivían casi ochocientos mil personas.
Después de que el taxista los dejara en la periferia, ya que pocos eran los que se atrevían a adentrarse más allá de las primeras calles, comenzaron a caminar hacia el centro de la zona.
Hiria le había puesto al corriente de qué buscaban en aquella zona. Hacía apenas un año un hacker había logrado colapsar los ordenadores del ejército terrestre sin ningún motivo aparente, solo por diversión y para demostrar que era capaz de hacerlo. Tras una dura investigación no encontraron al culpable, pero sí a varios de sus ayudantes. John, Witch para sus hermanos hackers, era uno de ellos. John era apenas un niño, a sus catorce años era uno de los más afamados hackers del mundo tras descubrir un nuevo tipo de lenguaje capaz de camuflarse y reproducirse por sí mismo.
- Hiria, ¿dónde vive ese tal Witch. – Preguntó Nuño mientras caminaban.
- En la torre siete del sector doce. Aquel gigantesco montón de hormigón. – Respondió Hiria señalando un edificio que despuntaba sobre el resto.
El edificio podría ser uno más del centro de no ser por los agujeros de bala repartidos en la fachada, los coches calcinados de la calle y otro estrellado dentro del portal.
- Este es. Ahora hay que subir a la planta cincuenta y tres. – Se limitó a decir Hiria.
- Cojamos el ascensor. – Respondió Nuño.
- Buen chiste. Sí, muy gracioso. – Dijo Hiria mientras se dirigía a las escaleras.
Nuño echó un último vistazo al exterior del edificio y siguió a Hiria por las estrechas escaleras. Tras un buen rato de subida, esquivar algunos yonkies que esperaban siguieran vivos y un dolor de piernas, llegaron a la casa de Witch.
Llamaron a la puerta, y tras una larga espera, una anciana les abrió y les invitó a entrar. John les aguardaba sentado delante de una de las mejores consolas que Nuño hubiera visto nunca, sabía de muchos en el GCT que envidiarían aquel ordenador.
- Bienvenidos a mi humilde morada, compañeros. Hiria, ¿qué tal estás? – Sin dar tiempo a contestar John continuó hablando. – Este debe ser Nuño, una joven promesa del ejército. ¿Qué os trae por aquí?
- ¿Cómo sabes mi…? – Nuño se interrumpió al ver en una de las pantallas su ficha militar.
- John, venimos a pedirte un favor. – Habló Hiria.
- Witch, por favor. ¿Qué favor? ¿Algo ilegal? Sabes que no puedo, me estáis vigilando para que no haga cosas indebidas. ¿Debe recordarte que la última vez que nos vimos querías detenerme?
- Necesitamos que busques unos archivos secretos. Son sobre el padre de Nuño y su desaparición. – Contestó Hiria pasando por alto el sarcasmo de John.
- Son de nivel de seguridad nueve, tardaré en conseguirlos y correré mucho riesgo. ¿Qué gano yo con todo esto?
- Haré que limpien tu expediente. – Contestó Hiria.
- Eso ya lo hice yo hace tres meses. – Se limitó a decir John con aire pensativo.
- ¿Qué quieres? Pídemelo y te lo daré. – Intervino Nuño.
- Esa es la actitud, tú me caes mejor que ella. Necesito tres gramos de Trinium.
- ¿Trinium? Pero eso es imposi… - Comenzó a decir Hiria.
- Hecho. Lo tendrás cuando yo tenga los archivos. – Contestó Nuño para cerrar el trato.
- Bien… Podéis iros. Os mandaré los archivos cuando los tenga a tu comunicador. – Dijo John volviendo a mirar a Hiria. – Después tendréis tres días para darme el Trinium. – Dicho esto John se volvió y comenzó a teclear.
Mientras los datos volaban en las pantallas, Nuño e Hiria salieron de la casa.
- No me lo esperaba así. Creía que sería un gordo con gafas y lleno de mugre. – Reflexionó Nuño en voz alta.
- John piensa que para tener una mente sana es necesario un cuerpo sano. – Respondió Hiria.
Sin mediar más palabra entre ambos se alejaron dirección al centro de la ciudad.